Projet Accompagnement Solidarité Colombie

Las insostenibilidad de los monocultivos agro-industriales como la palma de aceite

8 Noviembre 2006

Un análisis de los impactos socio-ambientales del monocultivo de la palma aceitera (llamada también palma africana) en Colombia debe tener en cuenta los antecedentes de este monocultivo en países asiáticos, así como las graves consecuencias del avance de la frontera agrícola a causa de los monocultivos de soja y plantaciones de árboles -como en el caso del eucalipto- para la producción de celulosa en Latinoamérica.

 

La agricultura, que es una actividad humana básica, ha generada grandes cambios. A lo largo del siglo XX tuvo lugar –primero en los países industrializados y luego en casi todas las regiones- la transición desde los modelos agrícolas tradicionales1 de autoabastecimiento y circuitos locales a uno industrial de mercado globalizado. La agricultura industrial se basa en la aplicación de un gran número insumos (pesticidas, fertilizantes y agua), en el empleo intensivo de maquinaria y en los subsidios económicos. Este tipo de agricultura, aunque ha conseguido un aumento de productividad, es insostenible y las pérdidas que genera desde el punto de vista social, económico y ambiental son incalculables y en algunos casos, irreversibles. Entre ellas podríamos citar el hambre de millones de personas, la falta de acceso al agua potable, el abandono del medio rural, la pérdida de los conocimientos agrícolas tradicionales y de variedades autóctonas, el dumping (subvención de algunas variedades de cultivo que permite vender por debajo del precio de producción), la destrucción de la soberanía alimentaría, erosión, destrucción de suelos, contaminación, despilfarro energético, alteraciones de la red hidrográfica y de los ciclos biogeoquímicos y, finalmente, una contribución al cambio y calentamiento globales.2 A esto añadimos la prdida neta de puestos de trabajo, empobrecimiento de los trabajadores rurales, concentración de la producción en grandes explotaciones agrarias y desaparición de las granjas familiares de pequeño y mediano tamaño, concentración y privatización de la propiedad de los recursos (tierra, agua, etc.), distribución no equitativa del beneficio monetario generado por el cultivo, exportación del beneficio monetario y la migración campo-ciudad.

 

En su ensayo “Destrucción global versus regeneración local. La necesidad de frenar y revertir el proceso incontrolado de urbanización planetaria”,3 Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción, expone que“desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos espacios periféricos (presionados por su deuda externa) se han ido especializando progresivamente en abastecer las demandas alimentarías de las poblaciones (y del ganado) de los espacios centrales, en detrimento de su seguridad alimentaría, esto es, de la satisfacción de sus necesidades propias. La superficie dedicada a agricultura de exportación en los espacios periféricos, que ocupa sus mejores tierras, es ya superior a la extensión de todo el territorio europeo. La pérdida de soberanía alimentaria para abastecer sus necesidades primarias hace que cada vez más espacios periféricos dependan del mercado mundial, donde deben comprar los alimentos básicos en divisas fuertes, o estén a expensas de la ayuda alimentaria del Norte (proveniente especialmente de EEUU y UE), sujeta a criterios políticos y a la consiguiente extorsión potencial (y sumamente real) para conseguir otros fines. Además, las exportaciones subvencionadas de productos agropecuarios desde los espacios centrales están desarticulando igualmente la actividad agrícola y ganadera local en la Periferia. Todo ello ha provocado unas fuertes corrientes migratorias hacia las áreas urbanas, creando verdaderos monstruos metropolitanos: las megaciudades periféricas. Hoy las principales ciudades del mundo en términos demográficos (que no económicos) se encuentran en los países periféricos, y es en éstos donde la población de carácter urbano crece con mayor intensidad, azuzada también por altas tasas de natalidad.”

 

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Madrid, noviembre de 2006
Begoña Carrera Ríos y Tom Kucharz
Miembros de Ecologistas en Acción (Madrid)

 

 

Notas

1 Lassaletta, L. y M. Riveros (2005): Paisajes agrícolas. Abandono e intensificación: de los paisajes culturales a la industrialización agrícola. El ecologista www.ecologistasenaccion.org .

2 Luis Lassaletta y José Vicente Rovira (2005): Influencia de la agricultura industrial en el cambio global. El Ecologista. www.ecologistasenaccion.org - Dpto. Interuniversitario de Ecología, Universidad Complutense de Madrid (correo electrónico: lassalet@bio.ucm.es - jvrovira@bio.ucm.es).

3 Ramón Fernández Durán (2004): “Destrucción global versus regeneración local. La necesidad de frenar y revertir el proceso incontrolado de urbanización planetaria” en Daniel González y José Ángel (2004) “Con la comida no se juega” del BAH (Bajo el Asfalto está la Huerta). Traficantes de suelos, Madrid. http://www.ucm.es/info/ec/jec9/pdf/A08%20-%20Fern%E1ndez%20Dur%E1n,%20Ram%F3n.pdf

 


 

Autor: 
Ecologistas en Acción

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